martes, 15 de febrero de 2011

“La fotografía de Esteban Prazska”, de Alejandra Vanesa Jurado


Esta historia la ha escrito Alejandra Vanesa Jurado Bueno, es preciosa y ganadora del concurso Sueños de San Valetín. Además ella es una gran amiga y me deja que comparta con todos vosotros esta historia... leedla, os va a encantar.


La fotografía de Esteban Prazská
Siendo niña descubrí aquella fotografía. Investigaba una caja de latón burdeos, que más tarde sirvió para guardar mis cromos de mujeres del mundo. La caja estaba en la casa del pueblo de los abuelos, en el cuarto de los trastos, detrás de un baúl antiguo, herencia de mi abuela, donde mi madre conservaba su traje de novia y cristiandad, y donde ese mismo año yo misma guardaría mi traje de comunión. Era una foto en blanco y negro. La examiné entusiasmada por ambos lados, con cierta ansiedad, incluso. En el reverso, en la esquina superior, a la izquierda, leí una fecha en color morado: 16 de abril de 1959, y un nombre con letras redondas: Esteban Prazská. Sobrentendí que era el nombre del niño que aparecía en la foto. Me quedé un buen rato observándolo: un niño de… ¿cuántos años? Quizá nueve. No sé, después de todo han pasado ya unos cuantos años desde entonces. Se apoyaba sobre una bicicleta más o menos pequeña, que parecía recién adornada con cintas de colores y pegatinas y tiras de papel de periódico y una flor —una flor blanca que no parecía que él hubiese cortado. Pero lo que más me llamó la atención fue, a sus pies, un trofeo que irradiaba unos rayos muy finitos, muy finitos, por el efecto del sol. Me dije: “seguro que ha ganado una carrera de bicis alrededor del mundo o que es un pirata justo antes de embarcar”. Y al decirlo me pareció que miraba fijamente a alguien a los ojos, y creí adivinar una figura que se le reflejaba. Justo entonces, llegó mi madre y traté de preguntarle por aquella fotografía tan especial: “¿Quién es este niño, mamá?”. Pero se quedó callada. Tomó la foto de mis manos y la observó en silencio. La acercó a su vieja rebeca de margaritas blancas con ternura. La miró otro instante y, con los ojos tímidos la guardó en su bolsillo izquierdo para siempre. También así espero recordar a mi primer amor.
Alejandra Vanesa Jurado Bueno


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